
✺ El contexto
Uno de cada seis jóvenes dominicanos no estudia ni trabaja
Son más de 300,000 personas de 15 a 24 años, y casi dos de cada tres son mujeres. Los datos oficiales, y lo que significan en un pueblo como Las Terrenas.
Un número que casi nunca se dice completo
Se les llama "ninis": jóvenes que ni estudian ni trabajan. La palabra suena a etiqueta y esconde a personas concretas. Conviene empezar por el tamaño real del problema.
Según la Oficina Nacional de Estadística, en 2022 había en República Dominicana 309,611 jóvenes de 15 a 24 años en esa situación: el 17.6% de todos los jóvenes del país. Más o menos uno de cada seis.
La cifra viene bajando. La Encuesta Nacional Continua de Fuerza de Trabajo del Banco Central la sitúa en 28.3% en 2020, en plena pandemia, y en 16.59% en el primer trimestre de 2026 para el grupo de 14 a 24 años. Las estimaciones internacionales, que usan otro método, la ponen más alta: 25.8% en 2024 según la OIT y el Banco Mundial. Cualquiera de las dos lecturas describe a cientos de miles de personas.
Quién es, en realidad, un joven que no estudia ni trabaja
El estereotipo es un muchacho en una esquina. Los datos dicen otra cosa.
197,702 mujeres
- De los 309,611 jóvenes fuera del estudio y del trabajo en 2022, casi dos de cada tres eran mujeres.
111,909 hombres
- Poco más de un tercio. Son ellos quienes más abandonan la escuela para trabajar en empleos informales.
77 nacimientos por cada 1,000
- Tasa de fecundidad de las adolescentes de 15 a 19 años en 2019. La maternidad temprana es la salida del estudio más frecuente entre las jóvenes.
58.7%
- De los varones que dejan la escuela lo hacen para trabajar, y no regresan.
El Banco Mundial estudió el fenómeno en toda América Latina y lo resumió en una frase: el nini típico no es el varón ocioso de los reportajes, sino una mujer joven, urbana, sin el bachillerato terminado. Los hombres salen del sistema por otra ruta: dejan la secundaria para ganar dinero y caen en trabajos inestables desde los que es difícil volver a estudiar.
Fuente: ONE, a partir de la ENCFT 2022; UNFPA República Dominicana, 2024; Banco Mundial, Ninis en América Latina: 20 millones de jóvenes en busca de oportunidades, 2016; USAID, Rapid Education and Risk Analysis — Dominican Republic, 2019.
Tener trabajo tampoco lo resuelve todo
Estar ocupado no es lo mismo que tener un empleo del que se pueda vivir.
La tasa de desocupación juvenil cerró 2025 en 12.4%, frente a 4.9% para el conjunto de la fuerza de trabajo en el primer trimestre de ese año. Entre las mujeres, la desocupación es 2.7 veces mayor que entre los hombres. Y más de la mitad de los ocupados del país, 53.4% en el primer trimestre de 2025, trabaja sin acceso a la seguridad social. Es el nivel más bajo desde que existe la encuesta, y sigue siendo más de la mitad.
Hay una señal positiva escondida en esos datos: en ese trimestre el empleo formal de los jóvenes de 15 a 24 años creció en 27,908 puestos mientras el informal se redujo en 15,368. El mercado empieza a formalizar a los jóvenes. Pero lo hace sobre todo con quienes tienen estudios: de los nuevos empleos formales, 89,721 fueron para personas con formación universitaria y 78,409 para personas con nivel secundario.
Ahí está la trampa. El joven que dejó la escuela para trabajar es exactamente el que la formalización deja atrás.
Fuente: Banco Central de la República Dominicana, Boletín trimestral del mercado laboral, enero–marzo 2025; datos de la ENCFT presentados por el Gabinete de Política Social, agosto de 2026.
Lo que esto significa en Las Terrenas
Las Terrenas tiene una ventaja que la mayoría de los pueblos del país no tiene: un sector que contrata todo el año y que crece. El turismo sostiene cerca de uno de cada seis empleos del país.
Pero contratar no es lo mismo que contratar local. Sin formación técnica, el joven del pueblo compite en desventaja con quien llega de fuera con experiencia. Sin hábitos profesionales, el que entra sale a los pocos meses. Y la joven con un hijo pequeño necesita un horario y un acompañamiento que un empleo de temporada rara vez ofrece.
Por eso el programa se diseñó como se diseñó.
Gratuito y de 12 semanas
- Para que el costo y el tiempo no sean el motivo de no intentarlo.
Una selección que no excluye
- Entrevista personal y una evaluación básica sin nada que preparar. Quien lee con dificultad no queda fuera: el español se enseña desde la semana uno.
Tres días en empresa, dos en clase
- Experiencia comprobable dentro de una empresa real desde la semana cinco.
Grupos de 12 y un proyecto de vida
- Acompañamiento individual, porque la razón para quedarse en un empleo es personal.
Seis meses de seguimiento
- Con encuentros a los 6 y 12 meses, para que el primer tropiezo no sea el final.
No resolvemos una estadística nacional. Formamos a 108 jóvenes al año, en un solo pueblo, con nombre y apellido. Es la escala en la que uno de cada seis deja de ser un porcentaje.